Todos los años se celebra durante el mes de marzo en Valencia una fiesta conocida internacionalmente y que aspira a ser reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial.
Una fiesta popular cuyo exponente máximo (y su aspecto diferencial) es la realización de "monumentos artísticos" cuya finalidad última es la de servir de combustible para la hoguera que remata la celebración.
Hasta aquí no cuento nada que no se sepa, pero existe un numeroso grupo de ciudadanos que no se identifica con estas celebraciones y además sufre las consecuencias de una fiesta exitosa. He de reconocer que yo me encontraba entre estos últimos y aprovechaba estas fechas para viajar, pero últimamente desde la aparición en escena de unas comisiones falleras que comienzan a eliminar las vallas, mi opinión se ha ido matizando. Fallas que buscan pasárselo bien incorporando, en la medida de lo posible, a los vecinos. ¡Vaya que empiezo a encontrarle el punto a esto de las fallas! Bueno, para qué negarlo, el haber participado activamente en el diseño y producción de la falla Castielfabib 2014 me ha hecho ver las cosas desde otro punto de vista. Pero Castielfabib no es la única: Mossén Sorell Corona, Lepanto - Gullem de Castro, Plaza de Jesús son fallas sin vallas, para acercarse, para participar, para compartir. Pero volviendo al principio ¿Realmente queremos aumentar la asistencia de visitantes de todo el mundo durante esos días?